1. En un bol, colocar los 500 gramos de harina junto con la cucharadita de sal. Reservar.
2. En otro recipiente, poner los 12 gramos de levadura junto a los 150 mililitros de leche. Sumar solo una cucharadita del total del azúcar y mezclar todo muy bien. Dejar reposar tapado con un repasador.
3. Cuando la preparación de la levadura ya esté activada, es decir, en el momento que se vean burbujas, sumarla al bol con la harina. Añadir también los 2 huevos y la esencia de vainilla o ralladura de limón.
4. Integrar todo muy bien, hasta que quede un bollo liso. Unir con los 50 gramos de manteca: la masa tiene que estar húmeda y homogénea.
5. Dejar levar en un lugar cálido, tapado con repasador y hasta que duplique su tamaño.
6. Luego, separar en bollos chicos y formar bolitas. Con el dedo, hacerles un agujero en el centro. Dejarlas reposar unos 15 minutos.
7. Freír las rosquitas en abundante aceite hasta que estén cocidas y doradas.
8. Al sacarlas, ponerlas en un plato con servilletas para que estas absorban todo el exceso de aceite. Espolvorear con azúcar común o impalpable y dejar entibiar.