La historia conmueve a todo Brasil. Un nene de 11 años, desesperado por el hambre, marcó el teléfono de emergencias y le contó al operador el motivo de su llamada: “Señor policía... es porque no hay nada para comer en mi casa”.
Miguel Barros se convirtió en el protagonista de un caso que se repite cada vez con mayor asiduidad en el país vecino. El miércoles pasado decidió comunicarse con el servicio de emergencias. En los tres días anteriores, su madre solo le había podido ofrecer harina de maíz y agua a él y a cinco de sus hermanos.
La policía arribó a la vivienda y se topó con las alacenas vacías. La madre, Celia, de 46 años y soltera, está sin trabajo y no tenía dinero para comprar nada. Seis de sus ocho hijos aún viven con ella.
Entonces, los oficiales fueron al supermercado y regresaron con una bolsa de alimentos, incluidas las donaciones del dueño de la tienda que se conmovió tras conocer el caso. Luego, la prensa local se hizo eco del llamado de Miguel y la historia se hizo viral.

La mamá de Miguel contó a la AFP que tuvo varios trabajos ocasionales hasta que comenzó la pandemia y quedó desempleada. ”Sufrimos mucho. No lo olvidaré nunca, porque el hambre duele”, afirmó con su hijo menor en brazos.

La historia del niño conmovió a los habitantes de un país donde el hambre volvió a ser un problema importante, después de haber sido casi erradicado hace una década.
Brasil apareció en la última edición del “Mapa del hambre” de Naciones Unidas, un registro del que había salido en 2014, con el 28,9% de la población viviendo en “inseguridad alimentaria moderada o grave”.
Las imágenes publicadas el año pasado de personas hambrientas recogiendo huesos desechados con restos de carne en Río de Janeiro mostraron una cara preocupante en contraposición del Brasil próspero. Un estudio de la Fundación Getúlio Vargas realizado en junio de 2022 mostró que el 30% de los brasileños vive en la pobreza (con menos de 5,50 dólares diarios), frente al 24% en 2014.
Previo a las elecciones presidenciales de octubre, los principales candidatos, el presidente Jair Bolsonaro y el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, se responsabilizan mutuamente de la situación del país.
En tanto, Miguel está feliz de que su familia tenga suficiente para comer, al menos temporalmente.”Pasé de no tener nada a tener lo suficiente para ayudar a otros”, dijo su mamá.