"Para mí fue el padrastro. Tiene cara de sospechoso". "Qué raro cómo habló la mamá, ¿viste que no lloraba?"
Habían pasado pocas horas de la peor noticia para la familia de Ángeles Rawson y los comentarios apuntaban hacia ellos.
No solo en la calle. También en la Justicia, que a esa altura ponía -apenas por indicios, sin una mínima prueba- a Sergio Opatowski como el principal sospechoso del crimen de la adolescente de 16 años, hija de Jimena Adúriz con su anterior pareja, Franklin Rawson. También en los medios de prensa.

Jimena Adúriz y el eterno recuerdo de Ángeles Rawson, su hija. Foto: Andres D’Elia.
Se levantó la remera y, sin que nadie se lo pidiera, mostró sus 34 lesiones, de las cuales más de 20 eran arañazos defensivos de la chica. Habían sido enmascarados con quemaduras, con la ayuda de su primo policía.

Jorge Mangeri fue condenado a prisión perpetua.
"Él es como un ser humano superior al resto, porque pudo enfrentar todo eso. Y los medios de alguna forma fueron responsables de la muerte de su mamá, porque su mamá se murió de tristeza y era la única persona que le quedaba. Además, todo lo que era su vida se fue al demonio", dice Adúriz.
Jimena, que ahora pelea por los derechos de otras familias atravesadas por el dolor, asegura que la estigmatización sigue: "La gente no se olvidó. Todavía la gente me pregunta si Mangeri está preso, o si yo sigo con mi marido".

"Mumi" tenía 16 años y era alumna con 9 de promedio.
"Fue como un desarraigo, como un exilio, sentir que la gente pensar que nosotros habíamos tenido que ver con la muerte de nuestra hija. Era terriblemente doloroso... esa duda... a mí no me importaba lo que la gente dijera porque yo sabía perfectamente, pero que la gente dudara que nosotros habíamos tenido que ver algo con la muerte... nosotros la amábamos a esa criatura, con lo que era para nosotros", cuenta.
A Opatowski le dicen "Pato" como un recorte de su apellido, pero también porque en su época de estudiante era campeón de natación en Sociedad Hebraica Argentina y estaba siempre en el agua. "A mi suegro le decían: ¿Dónde está el pato de tu hijo?", recuerda su mujer.

Sergio Opatowski, el padrastro de Ángeles, es instructor de pesca con mosca.
Todos se van a juntar a cenar este viernes en el departamento donde viven actualmente Sergio y Jimena. Son una familia que, a pesar de la terrible pérdida de Ángeles, conserva el humor como fórmula para salir adelante, para reinventarse cada día.
Jimena continúa con sus elogios a Sergio: "Él es una persona que no solamente soportó eso, sino que además es mi Peñón de Gibraltar, es mi piedra. Cuando yo estoy caída, cuando yo estoy pinchada, cuando tengo días de mierda, él está, está y me sostiene. Y me conoce, yo dejo de comer y entonces sabe cómo tentarme con la comida para que yo no me caiga, y por ahí me dice: ’¿Por qué no te acostás un ratito?’".

La última foto juntas de Ángeles "Mumi" Rawson y su madre.
Para ella, la gente y los medios se ensañaron con Sergio por la necesidad de encontrar un culpable.
"Creo que la muerte de Mumi fue algo que le tocó a la sociedad. Fue un femicidio, fue la muerte de la hija de todos, que pasó un lunes, volviendo de la clase de gimnasia, una nena de clase media. Y había que encontrar un culpable. Hubo una presión muy importante y creo se ensañaron porque por ahí nosotros no dijimos lo que la gente esperaba escuchar, porque uno no está preparado para eso tampoco", remarca Adúriz.

La carta que le escribió Ángeles Rawson (16) a su mamá, Jimena Adúriz, para el último Día de la Madre.
Nunca más el portero volvió a asumir lo que hizo: un ataque sexual contra una chica que apenas arrancaba su vida, esa chica a la que veía todos los días, esa chica con 9 de promedio en el colegio cuyo cuerpo terminó en un basural tras haber sido arrojada en un contenedor. Ese asesino que le robó, además, la posibilidad de vivir con felicidad a toda una familia. Fuente: Clarín