El 19 de mayo de este año, Antonio Olivera, por unanimidad, el Tribunal lo halló culpable del delito de “homicidio agravado por el vínculo”.
Fue en abril del 2019, que su pequeña hija, una beba de cuatro meses, falleció a causa de los constantes maltratos y golpes que Olivera le causaba.
Al confirmarle la condena a prisión perpetua por la Cámara de Sentencia en lo Criminal Tercera, y al dar a conocer los fundamentos de la misma, se comunicó:
“A favor no se puede anotar nada. Ni la modalidad de la acción ni su conducta precedente y posterior al hecho favorecen. Al contrario, todas las respuestas para la individualización son negativas, más allá que no tiene antecedentes”.
Los médicos percibieron las numerosas lesiones en el cuerpo de la beba, que les hicieron sospechar de un caso de maltrato infantil. Desterraron la posibilidad que la causa de las lesiones de la niña respondiera a un accidente.
“Los relatos precedentes ponen de resalto el maltrato físico de Olivera hacia una niña que tenía entre tres y cuatro meses de vida, a la que agredió en varias oportunidades. Fue letal el golpe recibido el 22 de abril de 2019, cuando estuvo a su cargo en el domicilio donde habitaban. Generó un riesgo prohibido con su accionar al infligir un violento y sostenido maltrato infantil sobre la niña que desembocara en su muerte. La desvinculación que ensayó Olivera durante su declaración, atribuyendo las lesiones a la falta de cuidado de su progenitora, no resulta creíble, por la carga probatoria incorporada. Olivera fue el autor de este hecho, tomando activa participación con las agresiones físicas a la niña” expresaron.
“Juan Antonio Olivera, padre de la bebé, procedió a agredir físicamente a la niña de 4 meses y ocho días de edad, aplicándole golpes con o contra elementos contundentes. Estas conductas ocasionaron múltiples lesiones de diferente tiempo de producción y ubicación. Resultó la muerte de la bebé por síndrome del niño maltratado (Batterd Child Syndrome)”, se detalló.
“Existió una reacción desmedida e irascible por parte del imputado (persona adulta de 26 años), produciéndole la muerte a su hija (de cuatro meses de edad), que medía 56 centímetros y pesaba 4500 gramos. El imputado ha vulnerado la vida, lo que marca el menosprecio y la carencia de sentimientos primarios que tuvo, violando así un vínculo moral inherente a la naturaleza humana, puesto que se trataba de su hija, incapaz de defenderse, un estado de gran vulnerabilidad. Buscaba los momentos que estaba a solas con ella para maltratar físicamente a su hija. La ferocidad demostrada por los golpes propinados determinan su peligrosidad, mostrando una altísima perversidad porque comprende lo que hace”.
Junto con Olivera, estaba la madre de la bebé fallecida. Ella llegó a debate coimputada por “homicidio agravado por el vínculo”. No obstante, durante el desarrollo del debate, no se pudo comprobar su participación en el hecho.