"Se ofrece profesional del sexo para hombres sensibles", decía el aviso que puso Gabriela hace unos años. El mensaje iba dirigido a hombres acomplejados o que tenían algún tipo de discapacidad. Fue respondido por varias personas que no solamente buscaban sexo, sino ser aceptados. Pero el comienzo de Gabriela como trabajadora sexual fue tan anunciado como fortuito.
Eran otros tiempos, Gabriela era ayudante de cátedra en la universidad en la que estudiaba el profesorado de teatro. La prostitución no era algo ajeno en su vida. Tenía amigas que lo ejercían y ella, para ganarse unos pesos, les trabajaba de recepcionista y proveyendo los preservativos para cada servicio.
Un día, un escultor la contrató para posar para él y todo cambió. La idea era hacer algo artístico. Lo hizo, pero la charla entre ambos también llevó a que esa tarde hubiese sexo.
Cambio de vida: trabajadora sexual
Esa situación cambió su vida por completo. Hoy, con 35 años, Gabriela es profesora de teatro y títeres pero también es modelo de desnudos, trabajadora sexual y se llama Gaby Erotika. Vive en Recoleta y gana hasta 100 dólares por hora. Es una agradecida de su trabajo. Gracias a lo que hace tiene un auto y una casa, argumenta.

A los 24 años comenzó a trabajar de recepcionista de sus amigas pero a los 26, y tras la visita al escultor, ofreció sus servicios sexuales.
"Para mí, fue algo normal, no fue un antes y un después. Sí vi que al resto de la sociedad le parecía impactante, por eso rara vez hablé del tema públicamente".
Sexo con personas con discapacidad
Cuándo trabajó en el cabaret, Gabriela supo que a las chicas no les gustaba tener servicios con personas con discapacidad. No sabían cómo manejarlos. Ella decidió trabajar con ellos y puso un anuncio que decía: "Se ofrece profesional del sexo para hombres sensibles".

Muchas veces, “una persona que está en silla de ruedas se tiene que arrastrar durante el sexo, ¿por qué esa es una escena mal vista? Lo que a mí me encanta de tener sexo con una persona con discapacidad es que me enseña otras formas de moverme, de pensar el cuerpo. No sé si voy a arrastrarme pero al menos ver desde qué lugar puedo conectar con ese cuerpo”.
No solamente trabaja con personas con discapacidad pero busca que cualquiera pueda acceder a sus servicios. Sus avisos en Instagram están hechos con subtitulos y audio y el departamento en el que trabaja es de fácil acceso, sin escaleras, pensado para personas en sillas de ruedas.
Su tarifa arranca en los 100 dólares la hora, y ofrece un 15% de descuento para personas con discapacidad. No tiene del todo claro cuánto puede ganar en un mes pero sí una respuesta que lo simplifica: "Lo que me interesa decir es que gracias al trabajo sexual tengo mi propio auto y mi propia casa".
"Probablemente en el futuro use mi capital erótico de otra manera. Hoy trabajo en una cama pero me gustaría trabajar en el piso, también dar charlas, escribir libros, hacer podcasts sobre trabajo sexual. Sí, yo creo que voy a ser puta toda la vida", aduce, sonriendo, mientras se despide. Fuente: Diario Uno