“Sospecho que la población humana está destinada no solo a la contracción sino al colapso y pronto. Parafraseando a Lehrer [por el músico, Tom], si vamos a escribir sobre la extinción humana, será mejor que comencemos a escribir ahora”, asevera Gee.
El paleontólogo dice que “las señales ya están ahí para quienes deseen verlas” y enumera: “Cuando el hábitat se degrada de tal manera que hay menos recursos para todos, cuando la fertilidad empieza a declinar, cuando la tasa de natalidad desciende por debajo de la tasa de mortalidad y cuando los recursos genéticos son limitados, el único camino es hacia abajo”.
En ese sentido, desglosa cada uno de los conceptos. Explica en el artículo que aunque la población aumenta, esa tasa de incremento se redujo a la mitad desde 1968. También, que hay un consenso general en que la población alcanzará su punto máximo en algún momento de mediados de siglo y que luego comenzará a caer de forma drástica.
Asimismo, recalca que “las especies de mamíferos tienden a aparecer y a desaparecer con bastante rapidez; apareciendo, floreciendo y desapareciendo en un millón de años aproximadamente” y anexa una posible extinción del Homo sapiens a su falta de variación genética.
“El registro fósil indica que el Homo sapiens existió durante 315.000 años aproximadamente, pero durante la mayor parte de ese tiempo la especie fue rara, tan rara que estuvo cerca de la extinción quizás más de una vez. Así se sembraron las semillas de la ruina de la humanidad: la población actual creció muy rápidamente desde algo mucho más pequeño. El resultado es que, como especie, Homo sapiens es extraordinariamente similar. Hay más variación genética en unos pocos grupos de chimpancés salvajes que en toda la población humana. La falta de variación genética nunca es buena para la supervivencia de las especies”, expone.
También considera que otra razón que puede influir en la desaceleración del crecimiento demográfico es la económica, que incluso postergaría la decisión de tener hijos.
“Homo sapiens ya secuestra entre 25 y 40% de la productividad primaria neta, es decir, la materia orgánica que las plantas crean a partir del aire, el agua y la luz solar. Además de ser una mala noticia para los millones de otras especies de nuestro planeta que dependen de este asunto, tal secuestro podría estar teniendo efectos nocivos sobre las perspectivas económicas humanas. Hoy en día, la gente tiene que trabajar más y más para mantener el nivel de vida de que disfrutaban sus padres, si es que es posible obtenerlo. De hecho, existe una creciente evidencia de que la productividad económica se ha estancado o incluso disminuido a nivel mundial en los últimos 20 años. Un resultado podría ser que la gente esté postergando la posibilidad de tener hijos, quizás tanto tiempo que su propia fertilidad comience a declinar”, determina el biólogo.
“Un factor adicional en la reducción de la tasa de crecimiento de la población es algo que solo puede considerarse como del todo bienvenido y desde hace mucho tiempo: la emancipación económica, reproductiva y política de la mujer”, indica asimismo Gee, quien determina que esta transformación comenzó hace poco más de un siglo, pero que ya duplica la población activa y que mejoró tanto el nivel educativo, como la longevidad y el potencial económico de los seres humanos en general.
“Con una mejor anticoncepción y una mejor atención de la salud, las mujeres no necesitan tener tantos hijos para asegurarse de que al menos algunos sobreviven a los peligros de la primera infancia. Pero tener menos hijos y hacerlo más tarde significa que es probable que la población se reduzca”, escribe el autor.