Zarsa contó que los tocamientos denunciados eran al principio disimulados. "Yo estaba lavando los platos y él pasaba por detrás y me rozaba. Yo pensaba que era mi imaginación, luego comencé a sentir vergüenza y culpa", contó ante la Sala IV del Tribunal de Juicio.
La exmonja agregó que también eran constantes las bromas sexuales. "Decía que las mujeres no servían y yo intentaba demostrarle que no. Para mí todo lo que decía él era palabra santa", describió.
Zarsa se quebró cuando contó que también se sentía humillada con bromas sobre su cuerpo que le hacían Rosa Torino y Josué Salas, la mano derecha del cura. "Al punto que buscaba ponerme a planchar para esconderme detrás de la tabla".
Mientras vivía esas situaciones en el ámbito más privado del entonces reconocido sacerdote, indicó que comenzó a escuchar sobre "abusos en la comunidad". Habló de "jóvenes que eran encontrados en la cama con Rosa".

Ese episodio, aseveró, fue terminante para que comenzaran los sucesivos traslados. Primero fue a México, donde indicó otro hecho. "Rosa quiso probarme un cinto del hábito y apoyó su cabeza en mis pechos, yo lo saqué de mala manera y me fui", afirmó.
Por ese hecho los jueces indicaron en la primera audiencia que se correría vista a la Justicia mexicana. Los estrados judiciales no son nuevos para Zarsa, quien fue denunciada y juzgada incluso antes que el propio cura Rosa Torino. Su juicio quedó desestimado por inconsistente y ella aseguró que se trataba de una represalia del sacerdote.
En el desarrollo de su declaración indicó que a partir de los diferentes hechos comenzó a tomar distancia de Rosa y buscó refugio en su superiora, la hermana María Luz, que "solo guardó silencio". Ante ello, aseguró que comenzaron a aislarla de todas sus actividades y de los otros miembros a quienes les prohibieron hablarle para finalmente quitarle el apostolado.
"A partir de ahí comienzo a tener ataques de llanto y me dolía tanto el cuerpo que no soportaba la tela del hábito. Me llevaron a tratarme con la doctora Eleonora Naranjo, que cuando le cuento lo que estaba pasando, no le dio importancia. A partir de ahí ella me sugiere que comience a tomar pastillas", manifestó. Ante sus dichos, la fiscal Verónica Simesen de Bielke ahondó en Naranjo y en quién le recetó las pastillas: "Naranjo tenía su cuñado, el doctor Fernando Núñez, que me recetó clonazepam y senitranina", detalló. No es la primera testigo que asegura que al mostrar padecimiento en la comunidad era derivada a Naranjo.
Medicada y "atontada", continuó, fue hasta España a ver a su hermana que iba a dar a luz. Allí, contó que al verla "mal" y saber que estaba empastillada "para limpiar su espíritu", su familia la convenció para dejar de tomar las medicaciones.
Finalmente Zarsa volvió a la comunidad y relató haber hablado con Rosa para decirle que "con estas irregularidades no nos iban a aceptar en el Vaticano".
Otro relato crudo
Al igual que Yair, Jonatan también denunció a Nicolás Parma por abusos que habrían ocurrido en la sede que tenía la Congregación en Puerto Santa Cruz. Sin Rosa Torino en la sala, al ser consultado el exnovicio indicó que su interés en la causa radicaba en “que se haga justicia para sanar y por aquellos que fueron abusados por esta persona que no se animaron a denunciar”.
En la audiencia anterior, un sacerdote J.E.J., al igual que Yair y Alustiza también indicó haber sido abusado por Rosa en ese contexto. “Nos salían hongos por lo hacinados que estábamos y la condición de los baños”, advirtió. El Tribuno