Catamarca Ya

Llegó de Angola hace 12 años sin hablar español, se recibió de obstetra y encontró en la Argentina una familia

La primera vez que Elisa pisó la Argentina solo sabía decir unas pocas palabras en español. Traía una valija, la compañía de una amiga y un sueño por cumplir: homologar el título secundario y recibirse en la universidad pública. Lo que nunca imaginó es que encontraría en el país mucho más que una profesión: un nuevo hogar.


Elisa es hoy licenciada en Obstetricia graduada en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y está terminando su residencia médica en el Hospital San Felipe de San Nicolás. Es la profesional que recibe a los bebés en la guardia y también la vecina a la que las madres paran en la calle para mostrarle cómo crecieron los chicos que ella misma ayudó a traer al mundo. Incluso la invitan a los baby shower y bautismos.


De Angola a la Universidad Nacional de La Plata


Sin dominar el idioma y atrapada en los trámites migratorios para revalidar sus estudios —ya que por entonces no existía convenio directo entre Argentina y Angola—, las primeras semanas en el nuevo país fueron cuesta arriba para “Eli”. Fue su fe cristiana el gran sostén para no aflojar.

Durante seis años vivió en Quilmes y colaboró como voluntaria en un hogar de niños, una etapa importante para dejar de sentirse “de afuera”: “Los niños se transformaron en una familia para mí porque vivíamos como una familia con valores; los vi crecer, los vi reír, los vi llorar. Cada vez que volvía de la facultad sabía que tenía un lugar para volverme y esta era mi casa”.


Durante años, su rutina tuvo un escenario fijo: los 45 minutos del Roca entre Quilmes y La Plata. Entre el traqueteo del tren y los apuntes abiertos en las rodillas, logró recibirse de licenciada en Obstetricia en la UNLP. De ahí armó los bolsos y se mudó al norte bonaerense para hacer la residencia en el Hospital San Felipe de San Nicolás, donde en septiembre arranca su tercer y último año.

 

Para ella, haber podido estudiar de manera gratuita marcó un antes y un después dado que creció en una familia de bajos recursos.


“Es uno de los regalos más grandes que Argentina me dio. Poder formarme y hacer la residencia es un privilegio enorme. No sé si en otros países existe un sistema que apueste tanto por la formación sin importar de dónde viene una persona”, afirma.


Su vocación, dice, encontró sentido precisamente en ese lugar. “Amo acompañar a las mujeres durante el embarazo y en el momento de traer un hijo al mundo. Siento que Argentina no solo me dio una profesión, sino también la oportunidad de poner esa profesión al servicio de su gente.”


Con el tiempo, el trabajo empezó a devolverle gestos que jamás imaginó. Como San Nicolás es una ciudad pequeña, suele cruzarse por la calle, en las plazas, o supermercados, con mujeres a las que atendió durante el parto. Algunas le presentan a sus hijos, otras la invitan a bautismos y muchas le escribieron mensajes de agradecimiento cuando compartió su historia en redes sociales.


“En el día a día uno corre de un lado para otro y no siempre toma dimensión de lo que hace. Después aparecen esas familias y entendés que el trabajo deja huellas”.

El testimonio de Elisa en el debate por la “campaña anti-Argentina”


Tras la derrota de Argentina ante España en la final del Mundial, muchos aseguraron que se desató una campaña anti-Argentina para desprestigiar al país. Entre las acusaciones, se incluía la premisa de que Argentina era un país racista. Frente al debate, Elisa decidió volcar su testimonio.


“No es justo definir a 40 millones de personas por las acciones de unos pocos. Quienes venimos de afuera tenemos una mirada muy clara de cómo nos trataron, y en mi caso la experiencia fue de una generosidad enorme, desde las compañeras de la facultad que se sentaban a explicarme los textos difíciles hasta la gente del hospital”, señala.


Y agrega que hubo un momento muy particular en el que sintió que ya pertenecía definitivamente al país: diciembre de 2022. Para la final contra Francia, se compró la camiseta, el pañuelo y la corneta. “Viví la final gritando con los chicos del hogar donde era voluntaria. Ahí sentí que estaba celebrando el triunfo del país que me había adoptado como una más.”

Años después, Elisa es quien adoptaría el “che”, el mate para estudiar y la merienda a su rutina diaria. Aunque admite que los fines de semana le gusta cocinar platos típicos angoleños para sus amigos argentinos.


A 12 años de aquella llegada a ciegas, Elisa resume su recorrido sin vueltas: “Yo nací en Angola y allá están mis raíces, pero Argentina me dio la oportunidad de convertirme en la mujer y la profesional que soy hoy. Aprendí que no siempre tenés que nacer en un lugar para sentirlo propio: hay patrias en las que uno nace y hay patrias que te abrazan”. TN

URL NOTA: http://www.catamarcaya.com.ar/2012/index.php?modulo=notas&accion=ver&id=105280