Un día de invierno de 2021, en plena pandemia de Covid, Camila fue a lo de sus padres para pedir ayuda y Sandra le ofreció ocuparse de los dos bebés. Al día siguiente, su hija se quiso ir. Eran las 23 y la abuela intercedió por sus nietos para que los dejara por el frío ese 29 de junio. “Me había dado cuenta de que, cada 20 minutos, Byron, que tenía cuatro meses, lloraba y ella le daba la teta. Eso no era por hambre”, recordó. Esa noche, sin la madre, los abuelos no pudieron calmar ese llanto cada vez más fuerte con mamaderas. El bebé empezó con temblores y agitación.
Lo llevaron al hospital municipal de Solano. “Le dije al médico que parecía que era síndrome de abstinencia por el consumo materno, pero él me respondió que ese hospital no estaba preparado para eso y que lo llevara por la mañana al hospital infantil de La Plata. Era la medianoche de un sábado, estábamos con los protocolos de la pandemia y le pedí que, en ese caso, él detallara por escrito esa derivación”, relató Sandra.
El bebé quedó internado y, a las cuatro horas, lo trasladaron en ambulancia a un hospital de alta complejidad de Florencio Varela, donde permaneció 45 días, en los que la abuela tramitó la guarda de los menores. Las crisis cada 20 minutos pasaron a ser cada hora y, al alta, eran unas tres por día. “Byron está sano, hace terapia desde los tres años. “El más grande tenía dos años y ocho meses cuando se quedaron a vivir conmigo y dormía como un perrito en el piso. No sabía hablar ni comer. Hace dos años pudimos curarlo de problemas de pulmón que tenía”, dijo Sandra.
En estos años, fue testigo de cómo chicas abandonan a sus bebés después del parto para irse y seguir consumiendo. Vio cómo una abuela tuvo que ir a buscar a su nieta al hospital. “Hay que ver cómo hacer con la anticoncepción en esos casos porque, estando en consumo, no están en condiciones de cuidarse”, dijo Sandra. A su alrededor, tiene otro caso. Es una sobrina que tuvo un bebé con retraso madurativo que también quedó a cuidado de la abuela, hasta que falleció el año pasado.
“Es desesperante cómo están creciendo esas criaturas”
En el barrio de Solano donde vive, lo que más le llama la atención no es la cantidad de chicas jóvenes que consumen drogas a la vista de todos, sin ocultarse, como notaba años atrás, sino que “gran parte” de los bebés de esas chicas tienen muerte súbita. “Como a mí no me dieron un diagnóstico de mi nieto hace cinco años, a ellas tampoco”, infirió. “Esto es algo que está tapado. Veo cómo las jóvenes siguen consumiendo y tienen a sus bebés en esa situación. Es desesperante cómo están creciendo esas criaturas y nadie hace nada”, sostuvo.
El viernes, participará de una convocatoria a Plaza de Mayo de la asociación que fundó Monzón para pedir por los cambios de la ley de salud mental y adicciones. Como otras madres y familiares, piden más herramientas para poder asistir y contener a sus hijos. “Estoy sola”, dijo. Se le quebró la voz y quedó en silencio. Las voces de sus dos nietos la rescataron en ese momento.
“El embarazo es una oportunidad única para la intervención sanitaria. Muchas mujeres tienen contacto frecuente con el sistema de salud durante la gestación, lo que permite detectar consumos problemáticos, fortalecer redes de apoyo y generar estrategias de acompañamiento antes del nacimiento. Prácticamente todas las drogas de consumo frecuente pueden atravesar la placenta y alcanzar al feto en desarrollo. Algunas también pueden eliminarse por la leche materna, lo que prolonga la exposición [del bebé] durante la lactancia”, destacó el equipo de la SAP. Su documento actualiza en seis páginas los efectos del consumo y el policonsumo durante la gestación.
Las medidas adoptadas en Mendoza
Javier Alma es médico especialista en ginecología y obstetricia. Trabaja en el sistema público y privado de Mendoza, donde se implementó el control universal en las maternidades. Coincidió en que el uso de sustancias tóxicas en el embarazo se incrementó en los últimos años, con la población en edad reproductiva como “la más vulnerable” al consumo. De ahí que, según explicó, tomar conciencia de la responsabilidad del cuidado de su salud y la del bebé, incluida la lactancia, no sea suficiente como para dejar el consumo.
“Los casos de síndrome de abstinencia en recién nacidos se observan cada vez con mayor prevalencia, pero muchas veces pasa también que no lo presentan de manera temprana, apenas nacen, y no se diagnostican. Hasta ahora, solo se hacía el control en los bebés que ameritaba el diagnóstico por su ingreso a neonatología. Sin embargo, hay muchos que pueden pasar a la habitación sin ser detectados, porque el síndrome de abstinencia es más silencioso o asintomático”, explicó. Yahoo Noticias - La Nación
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