Hace poco menos de un mes, Santa Fe fue escenario de un hecho similar al que cientos de veces vimos en las noticias de Estados Unidos: un adolescente de 15 años entró a la escuela con una escopeta y desató una balacera en la que mató a un compañero e hirió a otros.
No fue el primer caso de un chico armado en un colegio; de hecho, el año pasado se reportaron varios casos en diferentes puntos del país donde estudiantes aparecieron con un revólver o elementos cortopunzantes en el aula. Pero los primeros meses del ciclo lectivo 2026 dejaron una profundización de la violencia, signada por las amenazas de tiroteo y los ataques entre alumnos.
Uno de los primeros hechos, por ejemplo, ocurrió los primeros días de marzo en Lanús y tuvo como protagonista a un chico que escribió en un chat de videojuegos en línea que quería convertirse en un “tirador real”. La causa se inició después de un informe del FBI que alertó sobre mensajes preocupantes en una plataforma.
En el chat, amenazó con abrir fuego en su escuela y expresó su deseo de cometer una masacre similar a la que ocurrió en 2023 en Nashville, Estados Unidos, donde una joven asesinó a tres profesores y tres estudiantes con una carabina semiautomática.
Sin embargo, semanas después del trágico episodio en San Cristóbal, se empezaron a multiplicar las pintadas en los baños de cientos de escuelas que advertían sobre presuntos tiroteos y la preocupación escaló.
TN
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