La historia de Tessa Evans, quien nació sin nariz ni sistema olfativo, es uno de los casos más impactantes de la medicina moderna. Su condición, conocida como arrinia completa, es extremadamente rara y obligó a intervenir desde las primeras horas de vida para garantizar funciones básicas como la respiración.
Las primeras intervenciones y el desafío inicial
Desde su nacimiento, Tessa necesitó una traqueotomía y asistencia con alimentación por sondas. Los primeros días fueron críticos y marcaron el inicio de un abordaje médico complejo.
Su madre recordó que los médicos debieron estabilizarla antes de poder sostenerla en brazos, un momento clave en su recuperación. El caso fue derivado al Great Ormond Street Hospital, donde un equipo especializado diseñó un tratamiento innovador.
Implantes 3D y reconstrucción progresiva
El equipo liderado por el doctor Jonathan Britto implementó una técnica basada en implantes 3D expansivos, colocados sin incisiones visibles en el rostro. Estos dispositivos permiten generar una cavidad nasal con fines estéticos, aunque no reemplazan la función respiratoria.
A los dos años, Tessa se convirtió en la primera paciente en recibir este tipo de implante. Con el crecimiento, se realizaron cirugías sucesivas para adaptar los dispositivos al desarrollo facial. Las incisiones se ubican en el cuero cabelludo para evitar marcas visibles.
Un caso único y seguimiento a largo plazo
Hoy, con 13 años, Tessa lleva una vida activa: va a la escuela, baila y participa socialmente. Su tratamiento incluye no solo cirugía, sino también acompañamiento psicológico y pediátrico.
La arrinia completa es extremadamente infrecuente, con apenas decenas de casos documentados desde el siglo XX. Se asocia a alteraciones en el desarrollo embrionario, cuando la nariz se forma entre la tercera y octava semana de gestación.
Los especialistas prevén continuar el seguimiento hasta la adolescencia, etapa en la que podría colocarse una prótesis nasal definitiva. Aunque será estética, permitirá mejorar la integración social.
El caso de Tessa marca un avance en la reconstrucción facial pediátrica y demuestra cómo la innovación médica puede transformar pronósticos complejos en proyectos de vida sostenibles
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