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Ellas y Ellos

Me hice una vasectomía y te cuento de qué se trata

11/07/2019 | Hay un universo de ignorancia, tabúes, temores y mandatos que rodean esta práctica, en todos los sectores sociales. Aquí, un testimonio directo de un periodista de Mdz sobre este eficaz recurso quirúrgico anticonceptivo, a la vez, práctica testimonial y deconstructiva masculina a la altura de estos tiempos.

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El sexo es una trampa de la naturaleza para no extinguirse”, Friedrich Nietzsche.

Vasectomía, una intervención quirúrgica menor, sin mayor riesgo y con más de un 99% de efectividad. Entrás al quirófano y salís a los 40 minutos caminando, como si poco o nada hubiera pasado (bueno, tampoco como “poco o nada”, porque te metieron cuchillo “ahí” y te afrentaron duro, desde lo simbólico, pero la verdad es que salís caminando y sin mayores dolores, en principio).

Así de veloz y, no obstante, hay todo un universo de ignorancia, tabúes, temores y mandatos que rodean esta práctica, en todos y cada uno de los sectores sociales. Y está claro: los machitos siempre hemos preferido que el bisturí se lo metan a ellas, jamás a nosotros. El dolor planificado es un privilegio que solemos ceder a nuestra “media naranja”, porque hemos crecido bajo un concepto torcido de valentía.

Incluso, algunos que se han hecho esta operación, eligen -quién sabe por qué- ocultar la realidad detrás de la bragueta. 

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Es la vasectomía, caballeros y damas, una operación de anticoncepción quirúrgica voluntaria, que se realizan los hombres que ya no desean tener más hijos o los que no quieren tener ninguno. Y es, además, un asunto de absoluta decisión masculina, según lo asumo y argumentaré.

En pocas palabras, un médico cirujano te corta los cañitos que llevan el semen que se genera en los testículos, por lo cual esos febriles gusarapos se quedan adentro y ya no pueden viajar, ardientes y frenéticos, hasta que uno (o dos) de ellos se encuentre con un (o dos) óvulo en las trompas de Falopio de la mujer con la que, en ese momento, estás follando. Es más: una vez cortado el canal, seguís produciendo espermatozoides, pero, al no tener dónde ir, son comidos (fagocitados, morfados) por otras células, porque nuestro cuerpo, amigos, también se rige por la ley de selva. Vivir es también comerse un poco a sí mismo.

Pues bien, hace unos meses, en febrero, me hice una vasectomía. La hice, además, decidido a contar a mis lectores todo el proceso, porque sé que a muchos hombres y mujeres puede servir este testimonio. De hecho, he podido comprobar el enorme nivel de interés -tanto como el de ignorancia- en amigos de distintos pelajes (profesionales, desocupados, pudientes, cultos, pobres, iletrados, casados, solteros, religiosos y ateos). En todos y cada uno de los casos, las preguntas estuvieron a la orden del día.

Lo único que no percibí fue desinterés o indiferencia, tanto en hombres como en mujeres.

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Las preguntas más frecuentes han sido: ¿se te sigue parando la pija?, ¿te sigue saliendo semen?, ¿te sale menos semen o distinto?, ¿no tenés problemas con los orgasmos?, ¿duele mucho?, ¿te abren los huevos con un bisturí?, ¿la anestesia te la ponen pinchándote los huevos?, ¿cuánto cuesta?, ¿se puede revertir el proceso, si me arrepiento?

Toda pregunta tendrá su respuesta; pero vamos de a poco, no rompan los huevos.

Comencemos con un consejo, algo así como una sentencia fundacional ineludible: hacelo por vos. Si te vas a hacer una vasectomía, tenés que estar convencido vos, no tu mujer ni tus amantes, aunque lo estén. No te la hagas porque alguna de ellas te pide que lo hagas. Hacelo porque vos no querés más hijos; no la hagas en nombre de nadie, porque tu mujer y tu amante, de un día para otro, se rajan con otro u otra y te quedás en pelotas, pero con las pelotas operadas clausuradas y, entonces, si lo hiciste por ella, puede pasar que te vuelvas a enamorar, como un idiota, y tu nueva pareja -y vos, incluso- querrá hijos y vas a querer contarte los huevos, si tu vasectomía no fue un acto madurado y personal, una decisión de un hombre para con su cuerpo y con impacto directo en sus parejas.

Aconsejo, además, no dejar de hacerla, porque la religión te baje el mandato de lo prohibido. Si es algo que te hará bien y que necesitás, hacelo y mandá a cagar esos preceptos absurdos y a quienes los imponen; en todo caso, si no te da para tanto, hacé gala de hipocresía, como algunos conocidos míos, que son católicos y van a misa y defienden a la Iglesia, pero no tienen ningún problema con usar forros, garchar antes del matrimonio y ejerciendo los modos más creativos y, además, hacen otras cosas prohibidas como esparcir las cenizas de sus difuntos, acumular riquezas, ser gays, divorciarse, fumarse un porro, amarse más que al prójimo o hacerse una vasectomía. Dios sabrá perdonarte si te convertís en semental vasectomizado.

La vasectomía es, además, es una herramienta a la altura de estos saludables tiempos de reconocimiento de los derechos femeninos: evita una intervención mucho más invasiva en la mujer o que se someta a ingesta habitual de pastillas en su organismo y, a la vez, hace que el hombre, como corresponde, tome cartas directas en la planificación de la vida familiar o de la pareja o en su vida personal. Hacerla, machirulo, te da protagonismo en un tema en el que sos protagonista, siempre lo has sido, aunque siempre las decisiones más difíciles debieron ser asumidas y padecidas por las mujeres.

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Vamos al proceso, con la aclaración de que no soy médico y que toda duda debe ser consultada con un profesional. Yo sólo te estoy dando mis testimonios y pareceres como paciente.

El camino es muy sencillo: pedís un turno con un urólogo que haga vasectomía (yo deliberadamente elegí uno de un plan gratuito, en el sector público, para vivirlo y contarlo desde ese lugar). Las obras sociales, por lo general, tienen contemplados planes para esta intervención, que no es cara y que es completamente gratuita en la red sanitaria pública de Mendoza (al igual que la ligadura de trompas de Falopio, para las mujeres). Además, no necesitás el consentimiento de nadie para hacerla, porque es una decisión personal.

De este modo, pedí un turno y conocí al médico Gabriel Costanza, quien, me entrevistó sobre aspectos de mi historia clínica, me refirió las implicancias de la operación y me hizo firmar un formulario de consentimiento (solo vos debés consentir la cirugía). Terminó la primera cita con un pedido para dos estudios muy simples y obvios para cualquier intervención quirúrgica: uno que indique que no tenés problemas de coagulación de la sangre y un electrocardiograma informado por un cardiólogo, que diga que podés ser intervenido.

A la semana, con estos dos papeles listos, Costanza me dio turno de operación para la semana siguiente.

El día de la operación, me bañé y me afeité la zona de los testículos y mantuve un ayuno de 4 horas. Ya en el quirófano, con el médico, una anestesista y una enfermera, me bajé los pantalones y el calzoncillo, sin quitármelos, y me acosté en la camilla y pusieron una sábana que me impidió ver lo que hacían y me anestesiaron de manera local (no te pinchan los huevos, sino cerca de la base del pene y, en verdad, no duele mucho).

Casi inmediatamente, y mientras charlábamos sobre música, comenzó la intervención, que debe haber durado unos 15 minutos en cada testículo. La verdad, no sentís casi nada; en todo caso, por una cuestión quizás psicológica, sentís un poco de dolor en el segundo huevo, sin que haya -en principio- una causa médica que lo justifique. Gabriel, el galeno, me dijo que no deja de llamarle la atención este hecho, que se repitió en mi caso.

Gabriel Costanza, médico urólogo.

No duele, repito, pero claro está que sentís -acompañando sensación con ultraje e imaginación- que te están haciendo cosas ahí y, luego, más claramente, notás que suturan en uno y otro lado, pero, no obstante, nunca dejamos de charlar y bromear.

Concretamente, lo que hicieron fue cortar en ambos lados el escroto o la “bolsa” donde están los huevos, la bolsa escrotal; después, el médico sacó el conducto deferente que transporta los espermatozoides y lo cortó o lo bloqueó, lo metió de nuevo en la bolsa y cerró y suturó y me pusieron una gasa con cinta adhesiva. Y listo.

Me levanté los lienzos, subí el cierre, cerré mi cinturón, me dio una receta para analgésicos y me dijo que pusiera hielo ahí y me despedí de ellos y eso fue todo. Mi mujer, que me esperaba afuera, fue la encargada de manejar el auto, pues no se recomienda hacerlo luego de la intervención.

El postoperatorio también es sencillo: te quedás en cama dos días reposando, tomás los analgésicos para evitar o menguar el dolor y te ponés mucho hielo en los testículos para evitar inflamaciones, mientras leés un libro, mirás televisión, boludeás en internet o escuchás discos de Costello, Arjona o Nelly Omar.

Prontamente, podés bañarte y unos días después, vas a un control médico de rutina e, incluso, si tenés ganas, podés garchar, pero con preservativo y así será hasta que el médico te dé el alta, cuestión que demora -para estar completamente seguros- tres meses. Entonces, con espermograma en mano, que indique que ya no hay presencia de espermatozoides en tu semen, el profesional te bendice con el alta y a columpiar de lo lindo, que se acaba el mundo.

Preguntas frecuentes

Ahora, contestaré las preguntas más habituales que me han hecho:

1) ¿Se te sigue parando la pija? Bueno, tanto como antes de la operación, cada quien sabrá, aunque en general se asegura que más que antes, porque ya no calculás en tu cabeza consecuencias no deseadas (posibles embarazos) y es, definitivamente, más cómodo no usar más forro. Si hay ganas, ahora ni la pensás.

2) ¿Te sigue saliendo semen? Sí: te sigue saliendo, con el mismo color y olor y, quizás, tal vez, con una consistencia un poco más liviana. La vasectomía no elimina el semen, sino que sólo quita los espermatozoides y, por eso, no hay posibilidad de embarazo.

3) ¿Te sale menos semen o distinto? No sale menos ni se observa distinto, salvo, quizás, en eso de la consistencia, que es apenas apreciable.

4) ¿No tenés problemas con los orgasmos? Ninguno: no he notado cambios al respecto con mi situación preoperatoria.

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5) ¿Duele mucho? Duele en el postoperatorio, pero para eso están los analgésicos y el hielo también ayuda mucho los primeros dos días; es, más bien, molesto y, por supuesto, invasivo. Sentís que ha sido atacada tu zona de lo salvajemente sagrado. A los pocos días, ya no se registra dolor.

6) ¿Te abren los huevos con un bisturí? No, compadre, los huevos no te los tocan; sí el conducto deferente que sale de ellos. Los huevos quedan a salvo.

7) ¿La anestesia te la ponen pinchándote los huevos? No, no te pinchan ni los huevos ni el pito (o pija, poronga, muñeco, socotroco, pene o roberto, como lo llames): te la ponen por los costados (suena feo, pero es así), cerca de la base del pito. Y duelen poco los pinchazos.

8) ¿Cuánto cuesta? La operación es gratuita en los hospitales públicos; si tenés obra social privada o prepaga, probablemente también (no deberían ser tan ratones esos cabrones y cobrártela). La operación privada sin ninguna obra social, costaría unos $15.000. No obstante, al ser sencilla y sin riesgos, te recomiendo el efector público gratuito con total tranquilidad; además en el sector público hay excelentes galenos, como Gabriel Costanza, el que me tocó a mí.

9) ¿Se puede revertir el proceso, si me arrepiento? Sí, se puede, en la mayoría de los casos, mediante otra operación que no garantiza el retorno a la fertilidad, pero esto, mejor, consultalo con un especialista.

10) ¿La vasectomía evita las enfermedades de trasmisión sexual? No, de ningún modo las evita. Si no tenés pareja estable, lo mejor es que sigas usando preservativo, porque podés contagiar o contagiarte de HIV o cualquier otra enfermedad de transmisión sexual.

11) ¿Es verdad que, además, me hice un achicamiento de pene? No, de ninguna manera; esto se lo dije a mis amigos, pero ninguno me creyó, porque saben que lo mío es bastante modesto, tampoco deberían creerlo ustedes.

Desventajas

1) Si te arrepentís, tenés que volver a operarte, hacerte una reversión de vasectomía, que es más compleja, y esta intervención no es gratuita y tampoco se garantiza la efectividad.

2) Si cambiás de pareja, tu nueva mujer o tus nuevas mujeres deberán aceptar tu decisión, si tu decisión es definitiva (ventaja y desventaja).

3) Si sos medio cochino, mugriento o descuidado, podés tener alguna infección postoperatoria.

4) Esta operación no te libera del contagio de las enfermedades de transmisión sexual (más que desventaja, es una condición).

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Ventajas

1) Luego de pasados tres meses de la operación, es totalmente efectiva como método antiembarazo; un espermograma ilustra, entonces, sobre la eficacia de la intervención.

2) Te asegurás no tener más hijos de tu pareja estable ni de contactos sexuales eventuales o no tan eventuales, que puedas tener.

3) No usás más forros y tu pareja tampoco y ella también deja de cuidarse, no se somete a una ligadura de trompas, que es una operación mucho más invasiva, ni a DIUs ni diafragmas ni parches ni, peor, pastillas y, mucho menos, a esa institución medieval en pleno siglo XX, llamada “método Billings”, que atiende al sexo sólo en los períodos de infertilidad femenina y que algunos grupos religiosos siguen sosteniendo.

4) Ya no se interrumpen los encantadores juegos previos al momento de la penetración. Y ya no gastás más plata en forros ni en cualquier otro sistema.

5) Si cambiás de pareja, tu nueva mujer o tus nuevas mujeres deberán aceptar tu decisión, si tu decisión es definitiva (ventaja y desventaja).

6) Puede hacer que tu vida sexual sea más plena y espontánea: vivís el momento y de piel a piel, sin látex de por medio.

7) Puede hacer que tus parejas vivan más y mejor sus vidas sexuales, sabiendo que no hay riesgo de embarazos.

Bueno, espero que mi testimonio sobre una de las formas de la deconstrucción masculina les haya sido de utilidad. Si les parece que viene al caso, compártanlo, no sean forros. Y ya saben: cualquier duda, hablen con un urólogo y, de paso, que háganse un control de próstata, riñones y colon y vamos andando, que la vida es hermosa, breve y espectacular, como un orgasmo. Viva la Pepa, amigos, y a fifar, que se acaba el mundo y es muy posible que la única grieta que jamás se cicatriza sea aquella que divide a los bien, de los mal amados o malcogidos, como les dicen. Salud.

Ulises Naranjo. MDZ

 

 



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