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Madre tucumana tuvo que desafiar a la ley para ayudar a su hijo autista

11/03/2019 | 

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La vida para Mónica se había vuelto una verdadera pesadilla. Fue cuando ya no encontró medicamento que ayudara a su hijo Juan Cruz con su autismo. Todo había perdido sentido. El niño, que ahora tiene 12 años, no progresaba y era un torbellino de violencia. Su tormenta interior lo llevaba a golpearse la cabeza contra la pared y a agredirla a ella. No había forma de que durmiera más de dos o tres horas seguidas de noche. No respondía a los llamados. No emitía ni una sola palabra.

“No sé de dónde saqué las fuerzas”, dice ahora con una sonrisa de oreja a oreja. Cuenta que fue en octubre de 2017. Una tarde se sentó solo a llorar sin parar. Pensó en todas las opciones. Se puso a investigar. Leyó que el aceite de cannabis podía funcionar en algunos casos de autismo. “Pero estaba llena de prejuicios. ¿Te imaginás? Nunca había estado ni cerca de un porro”, cuenta Mónica. Tiene 45 años. Dejó la carrera de abogacía en quinto año. Trabajaba en una empresa, pero cuando le diagnosticaron autismo a su hijo las cosas en la oficina “se complicaron” y ella decidió dedicarse al tratamiento de Juan Cruz.

“Desde que era bebé supe que algo no estaba bien. No te miraba a los ojos; nunca te prestaba atención”, recuerda la mamá. Su brazo derecho tiene un enorme moretón. “Esto no es nada a comparación de lo que era antes”, remarca. Con ese “antes” hace referencia al momento en que decidió arriesgarse y probar el aceite de cannabis en Juan.

“Primero compraba los botecitos en Córdoba, en Chile, en cualquier lugar. Pero me costaba dar en la tecla y no me gustaba la idea de no saber con exactitud qué le estaba dando a mi hijo. Se me puso en la cabeza la idea de que quería hacerlo yo misma”, recuerda la mujer. Viajó a los congresos de “Mamá Cultiva” (una ONG nacional que ayuda a las madres a cosechar y preparar los aceites) e investigó todo sobre la planta y los procesos. Se decidió cuando le regalaron las primeras semillas. Ahora se ha vuelto una experta en aceite de cannabis y una referente en nuestra provincia.

Muchas mamás le piden asesoramiento. En su sencilla casa de barrio las visitas no cesan. Es que Mónica es muy solidaria: cuando produce el aceite, les regala a quienes no tienen recursos económicos para afrontar los tratamientos de sus hijos con autismo. También la buscan pacientes con cáncer, con fibromialgia o artrosis.

Hasta ella se sorprende. Nunca fue buena jardinera. Ni una flor había en el fondo de su vivienda. Ahora, en la esquina está su “niña mimada”. Así llama a una sativa de menos de un metro de alto. “Es una especie muy delicada; hay que cuidarla mucho. Las plantas que usamos para aceite de cannabis deben ser de semillas feminizadas. Se suelen comprar por internet y son importadas de Europa, aunque también en el país se consiguen. A veces corrés el riesgo de que crezca un macho, lo cual no sirve para nuestro objetivo”, remarca, mientras acaricia con sus manos las hojas verdes, húmedecidas por la tímida lluvia.

Cuando florece, empieza un trabajo de muchas horas y dedicación para transformar los cogollos en aceite. En toda la cocina de Mónica hay algo relacionado al cannabis. “Es que hay que ser muy preciso en todo el proceso”, dice. En una balanza se pesan los gramos de las flores. Cada 25 gramos se usa un litro de alcohol tridestilado, de maíz o cereal. Esa preparación va al freezer y una vez que está bien fría se hacen tres filtrados. Luego, el líquido se lleva al calor intenso en baño maría.
 
Resultado de imagen para Cultiva cannabis para tratar a su hijo, pero no quiere seguir
 

Hay que estar cuatro o cinco horas midiendo con un termómetro que el agua esté a 70 grados. Cuando se empieza a formar una resina es señal de que está casi listo. Después de mezclar la preparación con un poco de aceite de oliva, extrae todo con una jeringa y lo coloca en un pequeño bote con dosificador. Sale una jeringa de 10 milímetros. A su hijo, eso le dura unos cuatro meses. Haciendo algunos cálculos dice que no invirtió más de $500. Si lo hubiese comprado a otro cannabicultor en el mercado negro tendría que haber desembolsado hasta $4.500, detalla.


Antes de darle a su hijo, Mónica siempre prueba el preparado para verificar que no tenga alta concentración de THC (tetra hidro canabinol). El secreto del aceite medicinal de cannabis es que tenga una concentración de cannabinoides, entre ellos el cannabidiol (CBD), que no son psicoactivos, y que tenga poca o nula cantidad de THC. De esta forma produce el efecto deseado sin generar cambios en la conciencia de la persona que lo toma o daños en otras áreas, resalta. “Lo ideal sería que podamos llevar nuestros preparados a algún laboratorio oficial para que lo analicen”, propone.

Calidad de vida

Cuando se aprobó la ley de cannabis medicinal en Argentina, hace dos años, los expertos consultados dejaron en claro que la marihuana puede mejorar la calidad de vida de los pacientes.

Hasta ahora la norma que rige en nuestro país permite el uso del aceite en casos de epilepsia refractaria. Según la ciencia, lo que ayuda en enfermedades como autismo, epilepsia, cáncer y esclerosis son los componentes químicos de la flor (marihuana) y la relación que tienen éstas con unos receptores en el cerebro llamados endocannabinoides.

Cada vez más madres de chicos con autismo o epilepsia se vuelcan a estas terapias con cannabis y son muchas las que deciden comenzar a cultivar en sus casas, algo que hoy es ilegal en la Argentina. Pero el temor a ir presas les resulta insignificante al lado de esta nueva chance de vida que encontraron.

Es el caso de Mónica: “me gustaría que esto fuera legal. Realmente mi hijo cambió por completo; ahora casi no me agrede, puedo interactuar con él. Antes no podía sacarlo ni a la esquina porque se violentaba y este verano hasta lo llevé a conocer el mar”, cuenta emocionada.

“Mi vida dio un giro de 180 grados. Y en todos los otros casos en los que ayudo vimos muchos avances. No sólo mejora la salud de los chicos sino que ellos dejan de tomar tantos medicamentos. Todo el entorno se recompone. Todos ganamos calidad de vida”, resume.

Fuente: /www.lagaceta.com.ar



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