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Ellas y Ellos

5 lecciones para la vida que no nos enseñan en la escuela

10/02/2019 | 

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“Enseñar a los niños a contar es bueno, pero enseñarles lo que realmente cuenta es mejor”, dijo Bob Talbert, un profesor de Matemáticas de la Grand Valley State University. Por desgracia, la brecha que separa la vida de la escuela sigue siendo enorme.

La escuela nos “prepara” para insertarnos en la sociedad industrializada y contribuir a su desarrollo desde el punto de vista profesional, pero se olvida de las enseñanzas de la vida. Eso significa que muchas veces tenemos que aprender a golpe de adversidad y darnos cuenta, siendo ya adultos, que necesitamos cambiar viejos patrones de pensamiento que nos dañan o nos aportan nada sino que son un obstáculo para nuestro crecimiento.

 

¿Qué necesitamos saber para enfrentar mejor la vida?

 

1. El mundo no gira a tu alrededor

Todos somos protagonistas de nuestras vidas, pero eso no significa que el mundo gire a nuestro alrededor. Si el empleado de turno no te atiende con amabilidad, te has quedado atrapado en una congestión de tráfico o tu fila en el supermercado no avanza, no es porque existe un complot mundial para echarte a perder la jornada. Son cosas que pasan. Y le pasa a todo el mundo, no solo a ti.

Asumir todo lo que te sucede como algo personal adoptando una postura egocéntrica te causará muchos problemas. En primer lugar, generará una serie de emociones negativas que te arrebatarán tu paz interior. En segundo lugar, te hará perder el control, de manera que no podrás responder con asertividad, sino que te limitarás a reaccionar siguiendo tus impulsos.

Todo ello, en vez de solucionar lo que te molesta, solo servirá para acrecentar el problema o crear nuevos obstáculos y conflictos con las personas que te rodean. Por tanto, comprender que el mundo no gira a nuestro alrededor puede devolvernos el control y brindarnos una gran paz.

 

2. No estás obligado a actuar como te sientes

Nadie se siente bien todo el tiempo. Sufrimos decepciones, nos entristecemos, nos enfadamos o nos sentimos ansiosos. Es normal. Pero eso no significa que debas contaminar tus relaciones con esos estados afectivos. No se trata de ocultar o reprimir lo que sientes sino de ser capaz de gestionar tus emociones de manera asertiva para que no supongan un problema, ni para ti ni para los demás.

“Las decisiones, no las condiciones, determinan quiénes somos”, escribió Viktor Frankl. Eso significa que debemos dejar de buscar culpables externos y comprender que no necesitamos reaccionar siguiendo nuestros impulsos emocionales, sino que podemos aprender a responder de manera más madura a las circunstancias.

Se trata de retomar el poder asumiendo una distancia psicológica de las circunstancias para poder valorarlas de manera más objetiva y responder de forma reflexiva. Ese cambio de actitud nos ahorrará muchos disgustos y problemas.

 

3. Sé tú mismo, independientemente de la presión de los demás

Aunque no seamos el centro del universo, nuestras necesidades y valores son importantes y debemos aprender a defenderlos. Si nos acomodamos continuamente a lo que esperan los demás de nosotros y sacrificamos nuestras necesidades a las suyas convirtiéndonos en personas excesivamente complacientes, corremos el riesgo de perdernos, de vivir una vida que no es la nuestra.

Por desgracia, la sociedad empuja continuamente para homogeneizar a sus miembros, de manera que solo las personas más fuertes logran ser auténticas. La clave para no ceder a las exigencias sociales consiste en desarrollar un nivel de autoconocimiento tal que te brinde la seguridad necesaria para defender tus ideas y decisiones.

Cuanto menos te conozcas a ti mismo, más vulnerable serás a la presión social, sobre todo a la que ejercen las personas más cercanas que lo “hacen por tu propio bien”. Por tanto, cuando estés ante una encrucijada entre las exigencias externas y tus necesidades, recuerda las palabras de Lao Tzu: "En el centro de tu ser tienes la respuesta".

 

4. Tolera la ambigüedad o muere resistiéndote

La ambigüedad forma parte de la vida cotidiana, aunque a menudo nos negamos a reconocerlo y nos aferramos tercamente a la idea de la seguridad. Sin embargo, es difícil saber con certeza lo que piensa una persona de ti, cuáles serán las consecuencias finales de las decisiones que tomas o incluso prever qué sucederá en tu vida dentro de cinco años.

 

Cuando no somos capaces de vivir con la incertidumbre desarrollamos un pensamiento rígido y el menor cambio nos genera una ansiedad enorme y desproporcionada. Por eso, necesitamos aceptar que no existen certezas totales y que en muchos casos la búsqueda de la seguridad es tan solo una ilusión transitoria que antes o después puede caer como un castillo de naipes.

El antídoto consiste en abrazar los cambios, buscar la novedad y confiar más en el curso de los acontecimientos o de nuestra inteligencia intuitiva a la hora de tomar decisiones. Después de todo, como dijera la novelista, Margaret Drabble: “Cuando nada es seguro, todo es posible”.

 

5. En la adversidad conoces tu verdadera fuerza

Cuando las cosas no salen como las habíamos planeado, a menudo nos sentimos frustrados o decepcionados. Es normal y no hay nada de malo en ello. El problema comienza cuando nos quedamos atrapados en esos sentimientos y en nuestra mente solo hay espacio para los pensamientos negativos.

Cuando entramos en ese bucle de negatividad, es prácticamente imposible encontrar una solución, lo cual nos condena a mantenernos en ese estado de insatisfacción.

Las personas resilientes, al contrario, saben detectar lo positivo en lo negativo y la oportunidad en el contratiempo. Al decir de Horacio: “En los contratiempos es donde conocemos todos nuestros recursos, para hacer uso de ellos”.

Por tanto, la capacidad para replantearte la adversidad desde una perspectiva más constructiva para ti mismo es una de las lecciones más importantes que puedes aprender en la vida. Así podrás seguir adelante más pronto haciéndote menos daño.

 

Fuente:/www.rinconpsicologia.com



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