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Dijo que su esposa e hijo regresaron a Corea, pero tras 20 años se conoció la verdad

07/02/2019 | 

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Un extraño reflejo de sol debajo de una cartelera en la Interestatal 85-40 en Mebane, Carolina del Norte, los llevó a una desagradable sorpresa: el cadáver de un niño cuyos huesos estaban ya al descubierto producto de la putrefacción, había sido abandonado allí por su asesino. Las pericias determinaron que había sido estrangulado, pero la ciencia no pudo distinguir su identidad por aquel entonces.

"El 25 de septiembre de 1998, un equipo de mantenimiento estaba cortando el césped bajo un cartel en la unidad industrial cerca de la I-85 cuando el operador del tractor notó un cráneo en el borde de la línea de madera, lo que provocó una llamada a las autoridades. La oficina del sheriff de Orange County respondió y descubrió restos humanos descompuestos, que más tarde se determinó que era el de un niño joven", relata el comunicado hecho por la Oficina del Sheriff de ese condado.

Las comparaciones que los detectives del caso realizaron con el archivo de fotos de casos de niños perdidos en la zona no coincidían con los rasgos de este pequeño abandonado allí, bajo el enorme cartel de publicidad de aquella autopista.

Tampoco concordaba con la base de datos nacional. Boy Under The Billboard (Niño bajo la cartelera). Así se conoció el caso durante 20 años.

La carpeta con los detalles del homicidio permanecieron a la vista en la oficina del mayor Tim Horne, sheriff del Condado de Orange, quien nunca quiso abandonar aquel caso.

Durante todos estos años, al mismo tiempo que la policía trataba de saber quién era aquel niño hallado al borde de la Interestatal 80-45 de Carolina del Norte, otra persona estaba realizando una búsqueda en internet de un pariente cercano al que había dejado de ver hacía mucho tiempo. Le habían informado que se había mudado junto a su madre a Corea del Sur, el país del cual ella era originaria.

Tenía algo de lógica, pero luego de tantos años era imposible que no hubiera rastro de Robert Bobby Adam Whitt en internet que era donde su prima Natalie Mosteller lo buscaba a él y a su madre -Myoung Hwa Cho- desde hacía un largo tiempo.

"Mis hermanas y yo pasamos mucho tiempo buscándolo en Facebook e Instagram, cosas así, sin resultados", dijo la joven de 39 años a WCPO.

Bobby tenía 10 años cuando su padre le comunicó a su familia que tanto el niño como Cho lo habían abandonado para volver a la tierra natal de la mujer.

Durante 20 años la historia tuvo cierta lógica para la familia, aunque con dudas. ¿Cómo podía ser que no hubiera rastros de ellos?

"Una vez que pasaron los años, y no hubo éxito en encontrarlo, había como un fastidio en mi cabeza... tal vez le haya pasado algo, pero no es algo que quieras creer. Tenía la esperanza de que en el peor de los casos su familia acabara de ponerlo en nuestra contra. No quería creer que en realidad estaba muerto", indicó Natalie al diario The News & Observer.

Pero gracias a un novedoso método, Horne pudo resolver el crimen del niño bajo la cartelera. La técnica utilizada fue la misma que sirvió para dar con James DeAngelo, el conocido Golden State Killer. Es decir, se cruzaron los rastros de ADN hallados en el cuerpo de la víctima con una base de datos abierta que muestra perfiles de varias generaciones. Algo así como un árbol genealógico con información genética.

Lo hicieron gracias a la labor de Barbara Rae-Venter, una consultora genetista que contribuyó a dar con DeAngelo. Horne creyó que ella podría ser de utilidad para poner nombre al pequeño asesinado e intentar correr el velo de misterio en torno al caso.

Rae-Venter analizó el material genético en el cuerpo del niño hallado al borde de la autopista y determinó que se trataba de una persona cuya composición indicaba que era primera generación de un caucásico y un asiático. De esta forma dieron con un pariente de Mosteller que había subido sus datos genéticos a la base y con quien la víctima compartía ADN.

El caso se conoció durante 20 años como "Niño bajo la cartelera". Gracias a una novedosa técnica de rastreo de ADN pudo darse con el asesino.

El 26 de diciembre, este pariente -cuyo nombre no trascendió- respondió el llamado de Rae-Venter. Contó que en su familia existía un caso similar y dijo que tanto el niño como la madre habían desaparecido -de acuerdo al relato paterno- en Corea  del Sur, adonde supuestamente habían regresado.

Pero cuando pensó estar frente a frente con la solución del caso, Horne y su equipo se dieron cuenta de que quizás se trataba no de un crimen, sino de un doble homicidio. Todo se complicaba. Si el cuerpo pertenecía a Bobby, entonces... ¿dónde estaba su madre?

Horne inició una búsqueda de cadáveres de mujeres sin identificar que coincidieran con Cho, la madre del niño. Por fin halló una pista: el 13 de mayo de 1998, meses antes de que se hallara al pequeño, el cuerpo de una asiática había sido encontrado en el Condado de Spartanburg, Carolina del Sur. Había sido asesinada por asfixia y presentaba marcas de haber sido atada. También había sido arrojada en la Interestatal 85, pero a 320 kilómetros de la cartelera donde depositaron a Bobby.

Las comparaciones genéticas entre ambas víctimas determinaron que eran madre e hijo: Myoung Hwa Cho y Robert Adam Whitt.

Cercado y sin nada que refutar, el padre y marido confesó ambos asesinatos a los fiscales, quienes todavía no dieron a conocer la identidad del doble homicida. Solo se sabe -de acuerdo a la oficina del sheriff- que en 1999 fue condenado por un asalto a mano armada y que está en prisión.

"Bob era un niño precioso. Tan dulce, tan amable. Adoraba a su padre. Esa es otra de las cosas que me vuela la cabeza sobre el tema: cómo su relación de padre a hijo parecía tan cercana y pudiera hacer semejante cosa", concluyó Natalie al conocer la terrible verdad.



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