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Ojotas, sandalias, chatitas… ¿Cuál es el mejor calzado?

07/12/2017 | 

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Hace varios miles de años, el hombre comenzó su proceso de bipedestación y paso de cuatro apoyos a sólo dos: los pies. Con el tiempo, esos apoyos se vistieron con el calzado.

Sin embargo, los diferentes tipos de calzado fueron respetando las exigencias de cada época, las clases sociales y la moda, pero descuidaron las necesidades biomecánicas de nuestro cuerpo.

Diferentes estudios han demostrado que andar descalzo mejora los puntos de apoyo separando los dedos, aumentando la superficie de la planta del pie y, por ende, reduciendo las lesiones que hoy en día vemos.

Estas lesiones, son en gran parte producto de un calzado inadecuado, lindo y vistoso pero letal para nuestra postura.

Consultado por Rumbos, el quiropráctico Marcelo Gustavo Barroso Griffiths (Matrícula 9784) explica los problemas que pueden traer los distintos calzados típicos del verano y qué cuidados hay que tener con cada uno de ellos.

Sandalias con taco alto

Este tipo de calzado fue creado más por su apariencia que su comodidad.

En el uso de las sandalias, hay una distribución despareja del peso corporal y tiende a ocasionar molestias en los dedos.

Los nervios pueden verse afectados en la espalda baja debido a la postura inadecuada que se adquiere cuando se usan zapatos de taco alto.

Por otro lado, la altura de nuestro taco afecta nuestra postura, ya que como nos levanta de atrás y nos envía hacia adelante debemos realizar toda una retroversión de cadera y aumentar la tensión de espalda y cuello, derivando en diferentes afecciones de columna, como rectificaciones, cifosis y contracturas musculares.

La articulación que más sufre es el tobillo, aumentando el riesgo de sufrir un esguince respecto al apoyo normal del pie.

Por otro lado, la rodilla se sobrecarga, porque la tensión de los músculos situados en la porción posterior de la pierna incrementa la tensión sobre la rodilla.

También se produce un desajuste en la articulación de la cadera, pudiendo causar dolores en espalda.

Toda la postura se ve modificada a causa del desequilibrio en el apoyo y pueden surgir demás deformidades si empleamos tacones todo el día de manera habitual.

En el caso de las sandalias altas y punta fina, la elevación del talón provoca no sólo una deformidad de la bóveda plantar, sino que sobrecarga de los huesos de los dedos de los pies. Estos se aplastan contra la punta del zapato y se deforman en forma de garra.

Crocs

Aunque son planos, cómodos y muy anchos, si los usamos todos los días, podríamos tener consecuencias en la salud de los pies.

La parte posterior de este calzado, la cual es abierta, no brinda la contención necesaria.

Si no lleva tira posterior, eso genera problemas de sujeción.

Pero a veces el talón esta sostenido por una correa; de esta manera el tendón de Aquiles, sufre el riesgo de quebrarse, causar dolor o un esguince.

Cuando el talón está inestable, los dedos de los pies tienden a apretarse, lo que puede producir tendinitis, el empeoramiento de las deformidades de los pies, problemas de uñas, callos y ampollas.

Chancletas y ojotas

Seguramente nos sentimos muy cómodos al usarlas diariamente, pero las chancletas son el calzado más peligroso en el verano.

Este tipo de calzado no resulta nada beneficioso para nuestros pies, ya que puede alterar la biomecánica del cuerpo, desde el mismo pie hasta las rodillas, caderas o espalda.

Al caminar con chancletas, no se realiza un correcto apoyo, alterando el arco plantar y por ende, una cadena de lesiones. Obligamos al pie a realizar un movimiento inútil y no se apoya correctamente el talón, estirando demasiado la planta del pie.

La falta de apoyo puede causar problemas críticos en el arco y el talón del pie, incluyendo la fascitis plantar, una inflamación del tejido en la parte inferior del pie.

En las ojotas, el talón queda totalmente levantado y sin apoyo, que acaba produciendo una deformación conocida como “dedo en garra”, una contracción de las extremidades de manera crónica.

Los talones chocan con el suelo y alteran el ritmo natural al caminar. Y al adoptar una mala postura, esto repercute de forma directa en rodillas, caderas, y columna vertebral.

Por otro lado, dificultan el equilibrio y aumentan el riesgo de caídas.

Su contención se limita a un par de tiras junto a los dedos pulgares y hay una flexión forzada sobre todo del primer dedo para caminar y sujetar las mismas.

Al ser flexibles y planas, la planta del pie se resiente. No son tan cómodas como parece porque con el calor el material de goma el pie se resiente.

Además el calzado totalmente plano no es recomendado porque puede provocar dolor de espalda y lesiones en el pie.

Lo mejor es usarlas con moderación para la playa o la pileta.

Chatitas

Los zapatos bajitos o chatitas, sirven tanto para ir al trabajo, como para salir con amigos, pero después de mucho caminar, las suelas muy planas y sin forma anatómica nos pueden generar dolores en la planta del pie, talón o lesiones articulares.

Esto se produce porque no amortiguan nuestra pisada y no nos aíslan de las irregularidades del camino. Nuestro pie está casi en total contacto con el suelo y es quien sufre todo.

Al ser totalmente bajo y sin taco, no proporciona el arco adecuado para el pie, obligándolo a trabajar el doble. Esto deriva en inflamación, dolor de espalda o talones y hasta fracturas.

El calzado perfecto no existe (pero se puede acercar bastante)

Es importante que nuestro calzado para verano sea liviano, cuanto menos pesado mejor, para no cargar nuestras piernas.

Para ello lo ideal es que las suelas estén confeccionadas con materiales resistentes pero ligeros y que amortigüen la pisada. La sujeción en el tobillo es imprescindible para un calzado con el que vayamos a caminar en el día a día. Sin una buena contención, cargaremos en exceso nuestras articulaciones y musculatura al caminar.

No hay un calzado ideal que se adapte a las características, anatómicas y respete la biomecánica general y de cada pie en particular.

Podríamos decir que un calzado de plataforma de madera, ancho, duro, recto puede ser ideal, ya que parece que anduviera descalzo.

En líneas generales, hay que buscar telas que permitan la respiración del pie, evitando la aparición de bacterias.

Frescos, livianos, preferentemente con la punta ligeramente levantada para evitar tropiezos y suficientemente anchos para dejar nuestros dedos libres y mejorar el apoyo.

En conclusión, los zapatos deben ser, equilibrados, flexibles y cómodos.

Por lo tanto, su función no se debe limitar, simplemente, a proteger nuestros pies sino que también deben servir para ayudar a nuestra columna vertebral a mantenerse alineada. Un calzado adecuado nos va a servir para evitar lesiones y excesos de tensión en los músculos.

Asesoró Marcelo Barroso Griffiths (Matrícula 9784) Quiropráctico AQA (www.vertebralle.com)



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